Efemerides 16 de Junio

26 March 2022

Efemerides 16 de Junio

La verde Irlanda tiene el honor de legar al mundo 8 premios Nobel de Literatura. Una humilde narradora llega a decir:

Solo tenemos ovejas y duendes.

No por nada reservan un adjetivo -seannachie- para esos duendes contadores de historias -nada que ver con estados contables- Wilde llega a decir:

Inglaterra tiene solo 3 cosas buenas. El té, el wisky y la literatura, pero el té es chino, el wisky escocés, y yo soy irlandes.

Un 16 de junio de 1904 el ignoto irlandés James Augustine Aloysius Joyce, en adelante solo James Joyce conoce a Aurora.

Lo anterior no pretende ser una metáfora sobre su nacimiento, podría pensarse que estamos aludiendo a la homérica aurora de rosaseos dedos, sino de Aurora Bernacle, quien será la mujer que lo acompañará hasta el final de sus días.

Luego de una tormentosa juventud de hambre cantando en bares de europa, decide homenajear ese 16 de junio en una novela que cambiará la literatura en adelante. El Ulises. Hay quienes sostienen que ya lo había hecho Macedonio.

Si el Quijote de Cervantes “marca la cancha” acerca de como debe ser una novela, el Ulises de Joyce cambia las reglas de ese juego para siempre.

Ahora pareciera que la cancha es, o puede ser cónica, los jugadores cambian de equipo a mitad de juego y el partido no tiene final. Pareciera que lo mas importante no ocurriera fuera de los personajes, sino adentro.

Curiosamente, el Quijote y el Ulises comparten extraños méritos. Uno, no muy importnate, muchos eruditos los cita sin haberlos leído, ambos son íconos de sus lenguas y a la vez -lo que mas me gusta de ellos- son detallados compendios de groserías, malas palabras y escatológicas descripciones innecesarias.

En las 267000 palabras, de sus mil páginas, Joyce desde un exilio autoimpuesto, homenajea a Dublín con una presición obsesiva milimétrica.

Ante un martillazo en un dedo, todos maldecimos en la lengua materna. Al escribir sobre los sentimientos mas íntimos, todos escribimos a esos sitios de la infancia.

Me gusta imaginar que si el Che Guevara hubiera escrito un Ulises, estaría ambientada en Alta Gracia, esta ciudad en la que no hay una escuela, una avenida, una calle, una parada de colectivo, un bebedero que recuerde a uno de los íconos mas imporatantes del siglo XX.

Todos los 16 de Junio, Dublin estalla en festejos por el Bloomday homenajeando al trajicómico Leopold Bloom, antecedente directo de los actuales Homero Simpsons o Torrente.

Borges sostiene que Joyce no tiene nada que envidiarle a Shakespeare en ese “colosal error” que es el Ulises, Humberto Eco en cambioi, va mas allá. Sugiere que este micro y macrocosmos precede y anticipa la destrucción del mundo y que es como una vieja ciudad a la que queremos volver a beambular perdidos por la noche.

En una coferencia sobre el Ulisses, Ernesto Sábato confiesa no haber terminado la novela.

Que es un homenaje a la Odisea homérica, que es una Rayuela de Cortazar, que está trazada como un rompecabezas. Opresiva como el soliloquio de Molly del último capítulo, de varios miles de palabras sin una coma o un punto.

El mismo Joyce sostuvo que escribió esta novela solo para darle cien años de trabajo a los críticos. Pronto alcanzaremos los 120 años.

Muchos conocemos la sentencia de Stephen Dedalus que dice:

“Que es un fantasma, sino alguien que se volvió incorporeo por muerte, ausencia o cambio de costumbres”.

Recuerdo la defensa de Shakespeare que hace Stephen en la biblioteca:

“¿Que podeis decirme de la acusación de pederastía que cae sobre el bardo?”

Pregunta uno de los presentes, a lo que Stephen responde:

“Solo puedo deciros caballeros, que en esa época la gente moría joven, por lo que había que vivir intensamente”

Donde el color del mar es “Verdemoco” y la prostituta es una “Revendedora de sífilis”.

Stephen Dedalus, aburrido dando clases a los niños, recuerda su infancia en clases de matemática.

A través de la página, los símbolos se movían en grave danza morisca, mascarada de signos llevando raros casquetes de cuadrados y cubos. Dense la mano, giren, saluden al compañero: así, diablillos de las fantasías de los moros. También exiliados del mundo. Averroes y Moisés Maimónides, hombres sombríos en el semblante y el gesto, relampagueando en sus espejos burlones el espíritu oscuro del mundo, una oscuridad brillante en la luz que la luz no podía comprender.

Un acto de amor de 267 mil palabras, tan grande que generó amor y odio en proporciones balanceadas. Como debe ser.


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