26 March 2022
Es algo mas que esa piedra que descansa ni bien uno ingresa a San Pedro, a la derecha, a la que un paciente Bounarotti dice haberle quitado todo lo que sobraba. Imposible no experimentar piedad, observando el rostro de esa mujer con el cuerpo del hijo muerto en sus brazos.
La piedad, amig@s, es esa capacidad que vino con el homo sappiens -como especie- y lo faculta para condolerse del prójimo, para sentir como propio el dolor del otro, tan necesaria para la supervivencia de la especia, desde los glaciares para acá.
Cierta corriente antropológica sugiere que la piedad fue inprescindible para salir de la horda primordial, de hecho sabemos que un homínido femenino a la que apodamos tiernamente Lucy, vivía en sociedad hace mas de tres millones de años, a partir de una quebradura y posterior soldadura de su femur. Ese proto homínido, madre, de no mas de quince años, no podría haber sobrevivido en ese mundo hostil con esa quebradura.
Durante siglos -esta llamada piedad- pareciera que sirvió de aglutinante social, después de “El Malestar en Cultura” de Freud, nos quedan serias dudas de su funcionamiento en la actualidad, como si se hubiera roto algo en el tablero de la humanidad, justo en el manómetro que indica “control de la piedad”
Pareciera que perdimos esa cuestión empática de colocarnos en el lugar del otro, para sentir su dolor. Creo que este es el principal logro de la sociedad de consumo, como si la unica consigna válida fuera “a mi me va bien, el resto que se joda”
También creo que estamos jugando con fuego y las pruebas están a la vista.
Hoy asistimos atonitos a discursos sosteniendo que el problema de nuestro pais se debe a los planes sociales, por lo que corremos el foco de esos hombres de traje, por lo general gringos formados en universidades extranjeras, que manejan la economía del mundo.
¿Hacia donde miramos en su lugar? Miramos a la negrita y -volviendo a lo freudiano- a su culpa, la colocamos en el lugar de la culpa.
Su culpa de haber nacido mujer. Culpa de nacer en un barrio pobre. Culpa de no terminar su educación. Culpa de no saberse cuidar en el amor. Culpa que se fuera ese varón que la embarazó. Culpa de no saber defenderse.
La lista podría estirarse hasta lo grotesco.
El gran triunfo de la derecha es valerse de nuestro sadismo, porque -aceptémoslo- nos gusta pegarle al débil, al que está en el suelo.
Aunque nos cueste reconocerlo, lo hacemos porque es mas fácil que exigirle al poderoso que no evada, que el tributo es por el bien público.
Para poder esgrimir un cartel de #niunamenos, debemos primero revisar se sótano lleno de opiniones.
No dejes que cualquier petardista te llene de odio, terminas confundiendo al enemigo.
“Cuando vemos un negro venir, cambiamos de vereda” sugiere Michaell Moore en “Estúpidos Hombre Blancos”, sin embargo -continúa- “ningún negro inventó la bomba atómica, ni piloteó el avión que la arrojó sobre Hiroshima, ni declaró la guerra que costó 100 millones de vidas, en ninguno de los bandos”