08 April 2022
“How long shall will kill our prophets, while we stay aside and look?” Rendemption Song - Bob Marley
Los que habitamos el lado occidental del globo, aceptamos como valedera la historia que da nacimiento a nuestra cultura, allá muchos miles de años antes del nacimiento de un palestino de barba y pelo largo que vino a cambiar el mundo.
Por convención aceptamos que entre siete y diez mil años antes del nacimiento de ese lider revolucionario que en honor a la brevedad llamaremos solo Cristo; en medio del Mediterraneo, mas precisamente en la isla de Creta, los minoicos mandaron construir un laberinto para encerrar un monstruo que amenazaba su civilización. El Minotauro, producto de amores bestiales de esos dioses malvados. Mitad bestia, mitad humano. Minoicos, minotauro y su rey Minos, parecieran dar nombre a todo.

Porque bien sabemos, amigos, amigas, las cosas son, realmente son, solo a partir de ser nombradas.
Este monstruo periódicamente satisfacía algún apetito -la historia no se molesta aclarar cual de ellos- comiendo siete doncellas y siete mancebos.
Acá es necesario un alto en la narración porque los toros, como todos los vacunos del globo, no “comen” carne, si es que por casualidad estamos utilizando el verbo comer en el mismo sentido.
Se entrega voluntariamente a la pasión Teseo, un joven de pelo largo y barba, desoyedor de lo que manda la ley.
Preste atención lector, este -aparentemente mínimo- detalle de la sordera a lo que manda la ley y su correlación con el exceso capilar, pareciera ser una constante a lo largo de la historia.
La Historia, con mayúsculas, esa misma que solo escriben los que ganan.
Alegoría tal vez, el costo que pagaban los griegos por la paz, era sacrificar sus jóvenes pelilargos, los mas aguerridos, hermosos, honestos y contestatarios de su sociedad. Muchos de esos rasgos veremos repetirse en otros personajes a lo largo de toda la historia occidental.
Por falta de creativos, por mágica o por simple comodidad para los futuros rápsodas; la historia vuelve sobre sus pasos y se repite constantemente, cíclica, periódica, entregando sus mas hermosos seres a la pasión a cambio de la paz de la sociedad toda.
Cierta corriente de pensamiento blasfemo acuña el término sincretismo, para referirse a esta especie de plagio que utilizan las religiones nuevas al valerse de los mitos de las anteriores, actividad esta que explicaría en gran medida el porque del Moisés judeocristiano y su parecido -en grado de exactitud- con el Osiris egipcio, ese dios que sobreviviera siendo apenas un bebé a las aguas del Nilo en una cesta de mimbre, solo que algunos milenios antes a la narración judía. Hasta el río es el mismo.
La opción es pensar que los egipcios, astutos como eran para los números y la física, ya contaban con la máquina del tiempo y viajaron al futuro a copiarles a los hijos de Abraham.
Que la historia egipcia esté escrita en jeroglíficos inentendibles, pareciera otorgarle cierta de originalidad a la de Moises.
Cierto sector de la intelectualidad de derechas argentinas, aluden estos temas como: El Coso.
El Heracles griego, copia del Melkart fenicio, que algo tienen en común con el barbimelenudo Jesus de Nazareth además de la barba. Todos nacen de una virgen el veinticinco de diciembre, devenido luego activista revolucionario, que hablaba de paz a las multitudes y cuya única acción violenta documentada es echar del templo a los cambistas; algo mas parecido a los fondos buitres, que a los arbolitos peatonaleros de la época.
Un hecho común deja un hilo de Ariadna a lo largo de la historia, conductor; la muerte violenta de estos seres de parte del monstruo -sic- en beneficio de la pax romana.
La historia es un ciclo de eterno retorno de esos seres que se repiten dialécticamente, como nos indicara otro pelilargo barbudo, el que escribiera El Capital ya entrado el siglo XIX, con apenas veintinueve tiernos añitos.
Hasta que a fines del siglo XIX, un barbudo de pelo corto -esta falencia capilar posiblemente explique la desviación intelectual- escribió una teoría acerca de deseos sexuales reprimidos sobre nuestros progenitores, lo que le valió la huida horrorizada de algunos discípulos, entre ellos la de Carl Jung -pelicorto también- que vino a explicarnos que desde el nacimiento, estamos predestinados a cumplir con un mandato mágico, debemos correspondernos con ese arquetipo, signo del zodiaco, bajo el cual nacimos.
Parece que no tenemos elección de elegir ser algo muy distinto de aquello para lo que nacimos. Aquí radica en gran medida el porqué la mayoría de estos nuevos Teseos, esos que entregamos periódicamente al monstruo -hoy llamado gendarmería nacional- Estos pibes desconocen su destino.
A eso se deba posiblemente su candidez, su bondad, su particular manera de darse a la vida. Parecieran vivir mucho mas intensamente que sus pares, dependientes de comercio o bancarios, por solo citar dos ejemplos gremiales a la vista.
El único que sabía de antemano que iba a morir de forma violenta por la paz del mundo era Cristo. Yo particularmente opino que esto es parte de la historia que después narran de él sus cronistas.

Ni el Che Guevara, ni Carlos Fuentealba, ni Maximiliano Kosteki, ni Darío Santillán, ni Mariano Ferreyra, ni Pocho Leprati, ni el nuevo Santiago Maldonado, sospecharon que son la cíclica y eterna rencarnación de ese Teseo, que vuelve a camuflarse de hombre a este planeta, con el resto de los mortales, a entregarse a la pasión, morir en manos del monstruo, sacrificando su vida para que cambien algunas cositas mínimas, para que nada cambie. Y solo estoy citando los casos de las últimas experiencias neoliberales.
Llamativa en extremo es la falta personajes femeninos en la historia, como si no entregáramos una mujer cada veinticuatro horas al monstruo. La historia no documenta nombres femeninos, con excepciones sobresalientes como Hipatia de Alejandría, al resto solo las conocemos por su colectivo: Las Hilanderas de Manahattan, o Las Madres de Plaza de Mayo.
La explicación que afecta menos nuestra posición política, es creer que fué para su cuidado. La mas cercana a la realidad, es que no se documenta el horror. Los tribunajes de la Inquisición hablan de mas de quinientas mil víctimas, en su mayoría mujeres. Las versiones mas serias, sostienen mas de 10 millones de ejecuciones en los mil años de la edad media.
Recuerdo otro barbudo que se entregara voluntariamente a la pasión, Sócrates, ese loco que deambulaba por las calles de Atenas incomodando a sus prójimos o próximos con preguntas similares a estas:
¿Cuidaste hoy de tí?
¿Te conoces a ti mismo?”
Ninguna de las preguntas de Sócrates era casual. Todos nos topamos en la vida con seres luminosos. Seres en los que algo de presencia corporea nos anuncian su caracter divinal.
Soy de aquellos que creen que la Pasión de Sócrates, su elección de tomar la cicuta en lugar de elegir el destierro -solo para ejemplo de las generaciones que vienen- da comienzo a nuestro arraigado concepto del honor. Solo algunos elegidos tienen la fortaleza anímica para enfrentar lo inevitable y hacerse cargo del arquetipo heroico.
¿Quien será la futura reencarnación de Santiago Maldonado y toda esa larga lista de seres luminosos y sonrientes? ¿Será una niña como la payasa de Santiago de Chile?
¿Estamos preparados los barbudos a hacernos cargo de ese Karma? Posiblemente lo nuestro no sea otra cosa que un personaje.