26 March 2022
La bicicleta no abandonaba la línea blanca de la ruta, los tersos músculos de la pantorrilla correspondían a los de una mujer joven. La ropa no era la de todos los ciclistas post covid, sino un par de categorías por debajo. El viento de la mañana empujaba en contra y la ciclista se esforzaba por mantener el ritmo.
La trepada hizo que recogiera rollo, a pesar de ir sobrada. Los anteojos, casco y vestimenta, dificultan el reconocimiento de la verdadera identidad de cualquier ciclista. Máxime, si tiene intenciones de hacerlo.
Trepó por la huella un par de kilómetros mas, sobre el cerro mas alto. La vista parcial de la ciudad, en la mañana clara, le daba una postal bastante nítida de los barrios cerrados del norte.
Salió del sendero y caminó con la bicicleta de aluminio algunos cientos de metros hacia arriba, ojeando a cada tanto el sendero y la avenida que ya había identificado.
Se detuvo a recobrar el aliento y de la mochila sacó el monóculo que agregó a la espalda del celular. Esto le entregó una imagen nítida y muy ampliada de las casas apenas visibles desde allá arriba.
El tubo de PVC contaba con perforaciones en serie, por esas perforaciones, incrustó cada una de las pequeñas varillas de aluminio. Por último, colocó la que varilla que tenía forma de Omega achatada. De los extrmos de esa omega emergían el corazón del cable coaxil, por un lado y el mallado del otro. El otro extremo del coaxil contaba con un plug de soldaduras caseras, bastante chapuceras, aunque efectivas, que conectó inmediatamente a un teléfono celular del tipo pocket, de esos que cuestan 20 dólares en cualquiera de esas galerías de Córdoba donde es posible conseguir repuestos de autos importados, software trucho, Kalishnikovs ú órganos humanos. Ahí también se pueden conseguir chips para hacer funcionar esos dispositivos.
Encendió el teléfono y corrió una aplicación sin ícono. Aparecieron los nombres de los access point, uno por sobre otros, mas de Veinte, con sus protocolos, nombres y la intensidad de la señal.
Por último, sacó de la mochila un panel solar flexible que camufló pacientemente en el espinillo. Bien pasa por una bolsa de basura que se voló. Enchufo el celular a la celda y corroboró que reciba tensión, vinculó con una llamada ambos dispositivos tres veces. La tercera vez, abrió una minúscula terminal y corrió un utilitario que dejó al celular del espinillo apagado.
Toda la operación no le tomó mas de quince minutos.
Puso la bicicleta en el hombro, volvio al sendero que la llevó a la ruta. En el camino, envió un mensaje.