El objeto de la publicidad

26 March 2022

Publicidad

La mitología popular nos reserva ciertas instituciones, impone la observación de ciertas reglas y prohíbe determinados comportamientos, como la extraña veda que pesa sobre encender tres cigarrillos con el mismo fósforo.

Lo atribuimos, en principio al detalle de color supersticioso, aquiparable a no levantar basura de noche o no pasar el salero de mano en mano. Luego, con la edad y otros tipos de paso del tiempo, descubrimos la verdad -una de las verdades-, de boca de los amigos mas viejos, que nunca se ponen de acuerdo sobre fechas, lugares y precisiones por el estilo.

En estos casos no hay nunca precisiones. Menos aún, notas en wikipedia para consultar.

Al parecer, en una de esas eternas guerras de trincheras europeas -posiblemente la del 14-, el balanceo de una minúscula tea en la noche, por mínima que fuera esa llama, alertaba a los “snipers” enemigos.

Donde por fin se detenía la pequeña luz, le otorgaba los segundos suficientes al francotirador 1 para afinar la puntería. Este argumento es sobradamente mas coherente que el anterior. Posiblemente menos bello, dependiendo de los criterios estéticos del lector.

Guillermo Cabrera Infante, en su ensayo sobre el hecho social de fumar Puro Humo, acerca una nueva verdad, que destruye el paradigma científico anterior.

Había, por aquellos días, un Barón sueco que monopolizaba la fabricación de cerillas en la culta y belicosa Europa.

Bastó la narración de la historia anterior en boca de ciertos influencers de época en el intermezzo de los teatros paquetes, contemporáneos a la guerra, el hallazgo casual de la correlación entre fumar, trincheras y la mala suerte del tercero, para que el Barón viera triplicadas su producción y venta, en unos meses.

  1. ¿Ingenio francés diseñado para el sostenimiento de los pantalones en su sitio? 


← Los hombres que no amaban a las mujeres, versión de cabotaje Las viudas innecesarias »