El Mensaje de los viejos templos

28 January 2025

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Brainstorm

A partir de los hallazgos de Gobekli Tepe, comenzó una frenética búsqueda de terrenos altos alrededor del globo, en donde pudieran estar guardados los backup de aquellas culturas. Botellas al mar. Con inteligencia artificial revisando las imágenes de Santa Cruz, dimos con una meseta muy extensa y alta, imposible que fuera un volcán, o un plegamiento. Era producto de la labor humana, o lo que fuera en aquel entonces.

Con técnicas de barrido se llegó a la conclusión que había cámaras internas con objetos metálicos. Códices, libros, en un soporte completamente distinto al que suponíamos.

Los modelos de machine learning pronto encontraron patrones y pudimos descubrir varias lenguas, varios métodos de medición, una especie de Tlon.

Tanto la tecnología, como el cifrado, como el soporte físico era una incógnita, al no contar con una sola variable, estábamos perdidos. Antes de poner a los linguistas a descifrar, había que poner ingenieros a intentar hacer funcionar aquella maquinaria.

El éxito de la expedición se dió por la falta de apoyo de grandes empresas e inversores, eso paradojicamente hizo que fuera mas “democrática” la obtención de la información.

El resultado fue la esperada advertencia sobre el colapso tecnológico, la cima desde donde empiezan a bajar todas las variables, donde la curva que representa los desechos empieza a despegarse de la curva de la producción de alimentos. También aquella civilización global había agotado los recursos por avaricia y no pudo migrar a un modelo eco sustentable.

Algunos de los científicos, lejos de enlocecer o sucumbir al holocausto, como sugiere Eco en Apocalípticos e integrados, prefirió negociar la info con los dueños del mundo. Contactaron a los principales fondos de inversión y bancos JP Morgan, Blackrock, etc. que saben de los trabajos de estos científicos.

Unos pretenden una cifra millonaria en dólares, el JP Morgan responde que un sicario que los mate a todos cuesta menos de un 0.0001 % de la demanda, una cigra que no excede los 10 mi dólares, y para mayor seguridad, contratan dos, 20 mil dólares, un ajuste por redondeo en las cuentas de Blackrock.

Esta alerta que trasciende civilizaciones ya lo escribió Lem en Fiasco.

Los humanos mejores formados, los mas talentosos, los mejores cerebros, pueden descifrar el mensaje de alerta, pero dependen de dos sicarios tercermundistas, y el ratio de posibilidad de morir se va desdibujando.

Estos son mas propensos a agarrar la guita y gritar “matanga”

Se contraponen argumentos egoistas de querer la guita contra los argumentos de una mujer, que pretende una salida colectiva y solidaria. La salvación surge de compartir la información y no concentrarla. Matar 10 científicos no es lo mismo que toda la comunidad mundial. Tampoco se puede hacer loby desprestigiándolos. Los antivacuna, los terraplanistas, son bastante estúpidos. Un par de miles de personas en conocimiento de esta alerta, garantiza la supervivencia y les arma un escudo protector.

Los ricos siempre pretenden hacerse ricos solos, no tiene mucho sentido pensarlo colectivamente. Esto es el centro del relato. Los ricos, los privilegiados, creen que pueden extender sus privilegios aún sin un mundo que los sustente físicamente. Así de estúpidos son.

¿Porqué siempre hay un grupo que zafa de creer las estupideces que pregona la máquina con sus diez mil exposiciones al yo de estupideces? El concepto de Alta Rotación de las canciones en los medios masivos.

¿Se puede modificar toda verdad solo con marketing apuntado a las tribus? La historia, luego, es lo que ese marketing quiere que sea, manipulando ciertas variables de la verdad de turno, en ciertos canales de comunicación.

El destino de la civilización depende de entender un mensaje, una alerta de una civilización anterior, que un par de científicos pueda descifrar, quiera descifrar. Esto es anterior.

Dos científicos de datos junior, mal pagos, están aprendiendo, aún conservan vestigios de esperanza y fe en la humanidad. Tensión sexual. Tensiones muchas. Envidias, egos, carreras, ansias de trascender, cambiar el auto o la casa en el country. La maquina hace muy buenas propuestas, es un cierre de ventas como los descuentos de Black Fidray, es hoy, no podes dejarlo pasar.

Ella no quiere vender la info a Blackrock, él si, ambicisoso y trepador, envidioso. La hippie con osde no encuentra nada atractivo, o precisamente si, ese desparpajo y la falta de escrúpulos en el prójimo. Asume la promesa de buen sexo y es verdad. Cualquier cosa se puede explicar racionalmente, menos el deseo.

El amor es mas fuerte. La red de hackers auxilia las identidades de los fugitivos, como Camila y Ladislao.

El pecado es el saber, es bíblico. El es cristiano temeroso del señor. Ella todo lo contrario. Lo gana por ese lado, cristo era pobre, despreciaba la riqueza, la única acción vilolenta fué contra los mercaderes del templo. Blackrock y JP Morgan son los mercaderes del templo.

Ella atisba un vestigio de eternidad en la verdad, la verdad revelada, tiene un momento satori, sin caer en la fe.

Toda la música y la filosofía de pueblos que compartieron el tiempo de los neandertal, las voces, las historias y los mitos desaparecidos bajo las aguas eternas. Federaciones que hicieron el último esfuerzo en ese acto de Fe, en esa botella lanzada al mar, para que sobrevivan sus lenguas, sus teogonías, sus aritméticas, sus artes y sus ciencias, para que no desaparezcan bajo esas aguas que sabían los iban a tapar.

Las excavaciones se suceden en el suelo de un glaciar seco, la advertencia y la sordera de dos pueblos, como padres diciéndoles a los hijos lo que no tienen que hacer.

“Chupala Borges”

De las ricas ornamentaciones y herramientas, sobrevive solamente la pieda pulimentada y gastada.

Se sucede la descripción de Tlon.

Restos de tablas, miles de miles de tablas carcomidas, que están almacenadas simulando cierto orden. Datan de 12 mil años antes de la era común y mas. Sometidas al microscopio de barrido elctrónico, mostraron patrones no naturales que llamaron la atención de los físicos, composiciones a nivel sub atómico modificadas de alguna manera, un escrito multidimensional, que guarda millones de millones de bites en un soporte finito, que se convierte en infinito.

Ilusamente imaginaron un código binario de almacenamiento. Era cuántico, la paradoja es que estamos a cien años de tener una tecnología capaz de leer una profesia que nos advierte que nos quedan 20 años de existencia como especie.

Información en estado sólido, simil holograma, veintidimensional, de todo el mundo anterior a las glaciaciones, pero no la última, dos mas atrás. No era información escondida por estraterrestres, eran nuestros abuelos.

Meses de trabajo de modelos de AI descubren rudimentos de como estaría formado el disco de estado sólido, en formato óptico magnético.

Es reparador y esperanzador pensar que alguien nos cuida. Freudiano si se quiere. Para nada metafísico. La fe es la misma, en Dios, en los antepasados cuyo culto olvidamos, mamá, marcianos benévolos. La fe es en ese ente sobrenatural al que apodamos Dios, al que lo precede la civilización.

La forma de zafar del holocausto, como siempre lo fué, el sacrificio desinteresado de trabajadores, muchos, para nada héroes, simples, mortales, sufrientes hombres y mujeres.

Todo guarda el orden de la música, solo que en lugar de melodía, armonía y ritmo, intervienen dos mil variables mas, siendo tambien música, capas superpuestas como un canon preciso y enorme, lleno de volumen

Título Tentativo: El Canon de la Advertencia o El Disco de los Últimos Hombres

Logline: El descubrimiento de un archivo de una civilización antigua, que colapsó por los mismos excesos que la nuestra, desata una carrera entre un grupo de científicos idealistas y los fondos de inversión más poderosos del mundo, que están dispuestos a matar para silenciar la advertencia y preservar su poder en un mundo que se extingue. Bosquejo de los 10 Capítulos

El Canon del Naufragio Anterior

Capítulo 1: La Meseta del Espejismo Roto. No miren hacia abajo.

Buscando un avión cargado con quinientos kg de cocaína, analizando el espectro de las densidades en el suelo, para detectar anomalías, los investigadores del CONICET dieron con la colina antinatural, apenas ligeramente antinatural, tanto como para pasar desapercibida lo suficiente pero no tanto para hacerlo eternamente. Buscando un negocio económico dieron con otro. Haberla hecho demasiado perfecta, hubiera despertado curiosidad en civilizaciones que la hubieran destruido por desconocimiento, al no poseer la tecnología que pudiera descifrarla.

El calor había dejado de ser un estado del tiempo para convertirse en una condición de la piedra, del aire, de la mirada. El mundo era un cuerpo enfermo con fiebre perpetua. Camila, cuyos algoritmos mapeaban las últimas costuras tectónicas de un planeta exhausto, encontró la anomalía no como un hallazgo, sino como una imposibilidad que se resistía a ser ignorada. No era una montaña, sino una idea de montaña, una meseta en la Patagonia de ángulos demasiado perfectos, una geometría que delataba el desdén de la naturaleza por la línea recta. Ladislao, a su lado, veía en ese fantasma topográfico no la sombra de un enigma, sino la silueta de una oportunidad. Su ambición era un animal práctico, hambriento. Entre ellos, la tensión no era intelectual, sino termodinámica: la fricción de dos universos morales que comparten el mismo espacio confinado, predestinados a la colisión o a la fusión.

Retrospectivamente, el lugar era perfecto, el sitio geológicamente mas estable del planeta, sin conflictos tectónicos. No hacía falta mucho esfuerzo intelectual para descubrir que esa meseta no era una formación geológica. Una vez alcanzada la marurez tecnológica para descubrirlo es porque la humanidad pasaba nuevamente por una crisis de crecimiento y saturación. Las mismas condiciones que hicieron colapsar la civilización “antediluviana”. Todas las culturas recuerdan una subida desmesurada de las aguas que colapsó la vida toda.

Capítulo 2: La Cripta del Tiempo Solapado

Al perforar la costra terrestre, no hallaron huesos de reyes ni armas de dioses. Encontraron el silencio organizado. Cámaras pulidas como lágrimas antiguas custodiaban discos de un material que era a la vez cristal y niebla. No era un archivo, era un jardín de senderos que se bifurcaban a nivel subatómico. Cada disco, comprendieron con un estupor que rayaba en el vértigo metafísico, era un Aleph. No el Aleph de los místicos, sino uno severo y científico: un holograma veintidimensional que contenía no solo la historia, sino la textura sensorial de una civilización. El aire que respiraron, la cadencia de sus pasos, el sabor de su pan. Eran, supo Camila con una certeza que le quebró el aliento, nuestros bisabeles olvidados. No nos observaban desde las estrellas; yacían bajo nuestros pies, susurrando desde el otro lado de un abismo de doce milenios.

El detalle pormenorizado, el backup de una civilización en un formato quantico, la humanidad va a demorar varias décadas mas en tener computadoras capaces de leer ese soporte a escala subatómica. Ahí estaban celosamente almacenadas las historias, todas, los idiomas desiderativos, los tecnológicos, las aritméticas y las ambiciones y el anticipo pronosticado del colapso final, la crónica detallada del avance inexirable al caos, producto del crecimiento exponencial y la desidia, propia del yo, de creerse inmortal, al igual que los indivíduos, las civilizaciones tienen el mismo erróneo futuro donde no mueren. Detalladas cartografías de ríos de otras eras geológicas, el cambio de eje del planeta, el avance de las aguas, el control del átomo y el cataclismo.

Capítulo 3: La Música de la Extinción

El código no se quebró con un chasquido, sino que se desplegó como una flor de sonido y luz. No era lenguaje, era música. Una música terrible y bella, un canon donde la melodía era la curva de la producción de granos, la armonía la concentración de metano en la atmósfera, el ritmo la tasa de natalidad y el contrapunto, siniestro e implacable, la línea de los desechos que se despegaba de todas las demás, un basso ostinato de veneno y podredumbre. Era la sinfonía de una especie que se había escuchado a sí misma morir y había tenido la terrible cortesía de grabar el estertor. La advertencia no era una palabra, era una composición. El colapso tenía cadencia y estructura. Y nuestra civilización, comprendieron, estaba tocando la misma fuga, en el mismo punto del pentagrama, con la misma sordera elegante.

Capítulo 4: Los Arcontes del Algoritmo Final

La oferta llegó no como una propuesta, sino como un teorema económico. En una sala cuyo aire acondicionado era el último suspiro de un mundo racional, los técnicos de BlackRock y JP Morgan escucharon la sinfonía del fin. No vieron catástrofes, vieron variables. No oyeron una elegía, calcularon volatilidad. El más joven de ellos, un sacerdote de la eficiencia, pronunció la homilía definitiva: “El costo de un sicario es un error de redondeo en nuestras cuentas. Un decimal fantasma. La vida de ustedes, señores, es un fantasma de un fantasma”. Ladislao, ante esa lógica impecable y monstruosa, sintió la atracción del abismo. Camila, la repulsión. Él veía el precio de su ascenso. Ella, a los nuevos mercaderes del templo, profanando el último santuario de la esperanza.

Capítulo 5: La Teoría del “Matanga”

Mauro y El Pibe eran los instrumentos de esa lógica. No hombres, sino funciones. Observaban a los científicos desde la distancia, dos depredadores evaluando un rebaño de herbívoros intelectuales. “Podemos agarrar la guita y gritar ‘matanga’”, dijo El Pibe, la opción simple. Mauro, más filósofo, sopesaba la ecuación: “O podemos jugar a ser dioses. Cobrar de ambos lados. ¿Quién valora más su mito, los que tienen el dinero o los que tienen la verdad?”. Su indecisión era el único factor de incertidumbre en un modelo ya resuelto. Eran la partícula cuántica que podía colapsar la función de onda de la historia hacia la salvación o la masacre.

Capítulo 6: La Fe del Incrédulo

Refugiados en el útero digital de la red “Último Respiro”, Camila y Ladislao se enfrentaron no a sus perseguidores, sino al vacío de sus propias creencias. Ella, la ateísmo, encontró una fe feroz en la verdad revelada, en la cadena de manos que se extendía a través del milenio. Él, el cristiano que negociaba con los fariseos, encontró su Gólgota en una terminal de datos. “Cristo no multiplicó los panes para venderlos”, le dijo Camila, y en su voz no había reproche, sino lástima. Fue esa lástima, más que el miedo, la que quebró su armadura. Su conversión no fue hacia Dios, sino hacia ella. Hacia la evidencia de que el amor, en un mundo moribundo, era el único acto de rebelión que no estaba presupuestado.

Capítulo 7: El Diluvio de la Estupidez

BlackRock no necesitaba matar la verdad. Solo necesitaba ahogarla en el ruido. Desataron el diluvio digital: los científicos eran charlatanes, el mensaje ancestral una patraña, la crisis climática un invento chino. Los terraplanistas y los antivacunas, útiles idiotas de un juego que no comprendían, fueron la tropa de asalto. La Alta Rotación de la mentira creó una realidad alternativa, un Tlön soft donde los hechos eran opciones de menú. Camila y su equipo no luchaban contra sicarios, sino contra un hechizo colectivo, contra la voluntad hipnótica de una especie que prefería el confort de la fábula al hueso desnudo de la verdad.

Capítulo 8: El Susurro de los Ahogados

En la fuga, Camila se sumergió más en el archivo. No buscaba datos, buscaba voces. Y las encontró. No eran dioses, ni héroes. Eran panaderos, tejedores, niños que miraban el mismo sol que se oscurecía. Habían tenido sus “Borges”, sus “Bradburys”, sus “Vidales”. Y en su hora final, su gesto no fue de guerra, sino de archivo. Un acto de fe obscena en la inteligencia de un nieto lejano. No era metafísica. Era paternidad. La paternidad de toda la especie. Y en ese legado, Camila encontró una tristeza tan vasta y serena que la armó con una paz inquebrantable.

Capítulo 9: El Arca de los Necios

Mientras el mundo se contraía, los fondos de inversión construían su última y más perfecta burbuja: un arca. No para salvar la biodiversidad, sino para salvar el modelo de negocio. Un ecosistema privado, un paraíso fiscal atmosférico. Creían, con la fe del carbonero, que sus privilegios podrían replicarse en un invernadero de cristal y acero, ignorando que la riqueza, sin un mundo que le dé significado, es solo un montón de ceros flotando en el vacío. Eran la estupidez elevada a su máxima potencia: la estupidez con un presupuesto ilimitado.

Capítulo 10: La Siembra del Canon

No hubo una batalla final. No hubo un héroe que desactivara la bomba. El colapso siguió su curso, como una fiebre que quema hasta el final. Pero en los márgenes del derrumbe, en comunidades resilientes y redes clandestinas, comenzó a circular una extraña música. Fragmentos del canon ancestral. No como un dogma, sino como una semilla. Camila y Ladislao, fantasmas en el sistema, habían logrado lo único posible: convertir la advertencia en un legado vivo. La última escena no es de triunfo, sino de siembra. Un grupo de supervivientes, alrededor de una fogata, escucha la compleja y dolorosa melodía de su propia historia, repetida como un eco. No para evitar el invierno, sino para recordar, cuando llegue la primavera, cómo no morir de éxito otra vez. El canon, al fin, encontraba sus oídos. Y en ese acto de escucha, quizás, residía la única victoria sobre la entropía.


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