05 December 2024
Posiblemente debido a un exceso de egocentrimo, demoramos aceptar ser personajes secundarios de la estructura narrativa, meros actrores involuntarios y manipulables, de una entramada red de discursos, en capas superpuestas, medios, social medias y aparatos ideológicos del estado -al decir de Althusser- Nos cuesta creer que nuestro accionar y pensar son manipulados por entes invisibles que moldean nuestros comportamientos a la medida de las necesidades de vender cremas para las hemorroides, ropa deportiva o teléfonos inteligentes.
Observamos a diario seres moviendo dedos sobre pantallas y descubrimos quien es el inteligente.
¿Alguien tiene una respuesta lógica a porqué seguimos bautizando niños, niñas?
Cumplimos rituales con el solo objeto de pertenecer a la institución mas macrabra de la historia de la humanidad, la iglesia católica.
La realidad es una narración, una ficción que recubre a la realidad a modo de funda protectora. Supongo para hacerla mas digerible. Entiendo que colaboramos involuntariamente en la producción y viralización de esa cubierta anti polvo. El objeto probable es mitigar la angustia existencial. Luego, todo lo que colabore en esa mitigación, es bienvenido. El sistema en su conjunto se beneficia. El indivíduo posterga el recuerdo, la certeza de la finitud, mientras que la economía crece vendiéndole bienes y servicios, un escudo protector marveliano.
Esa narración global, pareciera ser una novela joiceana.
Ricardo Piglia, narrador de genio, sostuvo que en el cuento hay dos historias, una visible, en primer plano, que aparenta ser la historia principal, mientras de forma secreta, pero visible en todo momento, se desarrolla una segunda historia, mas intersante que la primera. Tendemos a confundir el concepto de segundo plano porque pareciera oculta a simple vista, pero como el prestidigitador y la señorita ligera de ropas a su lado, el cuentista, el narrador experimientado hará con esa historia en primer plano lo que el prestidigitador con el cajón donde encierra a la jóven, distraer.
La segunda historia se construye en secreto, entre líneas, pero susurrada a otro nivel en el yo de quien está de este lado de la hoja. Me viene al recuerdo La Noche Boca Arriba de Julio Cortazar, donde las dos historias comparten el primer plano, pero la tesis de Piglia sugiere una sutileza aún mayor.
El cuento es un relato plegado dentro de otro, para alegría del lector, lectora, que experimentará una alegría aún mayor en ese momento de iluminación de las últimas líneas.
La derecha estructura su accionar como un cuento de terror en primer plano.
El cuento de terror clásico muestra personajes malvados por un lado, frente a débiles enfrentándolos.
Recuerdo Alien, el octavo pasajero como un cuento de terror, que mi amigo el Pety sugería en realidad un policial. Un policial perfecto, porque el asesino es indestructible y las víctimas no tienen posibilidad de escape, por lo menos hasta la imagen de la teniente Ripley en paños menores.
Siguiendo la sugerencia de Piglia, el cuento de la dictadura, en primer plano, es como Alien, un cunto de terror, los componentes están todos, violaciones, robos de niños, torturas, sacerdotes de negro bendiciendo aviones que arrojan mujeres desde lo alto al mar, por reclamar la aparición de sus hijos y nietos.
Hay componentes nuevos en el género. El robo de niños para cambiarles la identidad, cambiar la cabeza de ese zurdito en potencia en un fascista consumado. Ni Stephen King se atrevió a tanto.
Pero como en Alien, equivocamos el género, no es terror, es un simple y vulgar policial. Estamos frente a simples ladrones, que llegan a pedir dinero a entes de crédito internacional y repartírselo entre cuatro vivos, hacer un pagadios y que quede todo un pais a cargo de devolver ese robo, distraído, shokeado -al decir de Naomi Klein- por el horror de lo otro, de ese cuento de terror en primer plano.
Lo repiten porque la fórmula es eficaz.
El primer plano muesta a un periodista con la cabeza destruída en marchas donde apalean jubilados, un payaso digno de Stephen King habla de cosas inentedibles y suelta frases del tipo pedófilos en jardines de infantes llenos de niños envaselinados, mientras nombran jueces del opus dei, acorde a la doctrina de bendecir aviones de la muerte. Estúpidos machitos envalentonados tiran bombas molotov en el hogar donde mueren lesbianas quemadas, solo por su elección sexual, defendidos por legisladores, cuyo emblema son los Kueider o Luis Juez, que pasó por todo el espectro político de izquierda a derecha, algo que podemos notar en el millón de dólares de su casa en el country exclusivo, personaje pintoresco en un asado, con sus chistes xenófobos y machistas, del que nos cansamos rápidamente, no apto para una legislatura.
Pero.
Esto oculta el verdadero objetivo, cada uno de los aviones que se lleva el oro de las bóvedas del banco central. En los setentas, el ministro Martinez de Hoz garantizó el tipo de cambio a aquellas empresas que tomaran créditos en el exterior en dólares. Al garantizar ese tipo de cambio es necesario aclarar que esa garantia no la daba su patrimonio personal sino el estado en su conjunto, esto es, todos nosotros, con la nuestra como tanto les gusta decir. Hoy repiten este formato exitoso, como la comedia. No estaba tan equivocado Marx cuando sugirió que la historia se repite primero como trajedia y luego como comedia. Videla era un ser tenebroso, Milei camina como un payaso con zapatos grandes.
Hasta los protagonistas se repiten.
Son simples y vulgares ladrones.
No equivoquemos el género al leer, no es un cuento de terror, es un policial.